La arbitrariedad de los afectos.
El
lazo de cada vínculo afectivo duele más que estrellarse contra el
abismo de la soledad. El drama de la existencia es inevitable. Ni
contigo ni sin ti, ni
conmigo, ni con nadie. No estamos hechos ni para el amor ni para el
odio, ni para el grupo ni para el individuo. No podemos estar en
nosotros ni en los demás. Si no me conozco ni a mí mismo, que decir
de llegar al interior de otro, qué decir, de que alguien llegue a
conocerme mejor.
Un insoluble.
El
amor, en el grado que sea, es atroz, un algo
devastador. Tras su
paso solo quedan pasados,
momentos, vidas, inmolados en las ardientes y gélidas tierras del
corazón.
Las
diferencias, las sutiles diferencias, los límites infinitesimales,
que separan la amistad del amor, el afecto del aprecio, el amor del
sexo, o el odio del amor.
Todo
tiene su reverso, rápido cambian las notas de cada canción, la
imprevisible evolución de la melodía.
Si
somos capaces de amar, de sentir afecto, es por desconocimiento.
Por eso, cuanto más cerca estamos del núcleo de cada persona, más
cerca estamos de romper el vínculo; o, todo lo contrario, si
realmente hemos encontrado
a esa “media
naranja” que todos
buscamos, pues somos
demasiado débiles para resignarnos a la soledad. Preferimos
compartir el
drama, que aguantarlo.
La
intimidad,
algo que no tiene precio.
Si
en el amor únicamente
contasen esas dos
personas, si el amor
solo dependiera de lo
que somos, si solo
dependiera de lo que sentimos.
Pero no. Siempre hay
algo más. En el amor cuenta todo,
lo que somos y lo que tenemos
a nuestro alrededor.
Una configuración en la que entran demasiadas cosas, elementos
extraños que distorsionan lo perfecto de los rosados aromas de
nuestro corazón.
La
vida se interpone. El
amor verdadero solo
puede existir fuera del
tiempo. El devenir no es compatible con esa fiebre roja que se
apodera de todo, dejando solo el anhelo de una inmovilidad perpétua,
de una muerte dulce y extática como luz desparramada sobre agua
clara, estando siempre junto a la persona amada.
El
perfecto estado del amor: El silencio y la contemplación, pues el
amor tiene tanto que
ver con la belleza. Tanto…
Andrea Rheinn
- La arbitrariedad de los afectos. -

Comentarios
Publicar un comentario