Turismo existencial.


El aburrimiento y la sobreabundancia son una mala combinación. ¿Cómo vivir? ¿Qué hacer? ¿Dónde meterse? Nos salva la rutina. Fuera de ella, solo queda el viaje, la fenomenología de experimentar.

Contradictos por excelencia, buscamos una vida intensa sin que se descubra su fragilidad. Ansiamos sentirnos vivos, pero siempre dentro del marco de seguridad. Difícil, no imposible; más, envueltos como estamos de la esencia de la modernidad. A estas alturas hemos aprendido a limitar el riesgo. Y lo más importante, crucial: Hemos aprendido a imitar.


Las fronteras del corazón.

El corazón no tiene más limitación que sus tejidos, capaz de superarse a sí mismo por fuerza de atracción. La química del sentimiento, la avidez de sensación rompe todas sus barreras. La sangre se vuelve bandera, nuestros anhelos reinventan la ley del talión: Uno se dispone a tomar por asalto todo lo que fue negado antaño, juzgamos a la vida por traición, nos volvemos mercenarios de la pasión.

Fuera de nuestra tierra todo es acción. La rutina tiene la fuerza ígnea de una vela, incapaz de igualar al incendio de los bosques y praderas de nuestro interior. El paraíso convertido en un infierno, convertida en una orgía lo que venía siendo una simple reunión.

¿Pareja? Solo sirve como cinturón, por si te la pegas. El amor no se lleva bien con el tiempo, no hay incendio que no cambie el color del suelo, todo fuego devora el oxígeno que encuentra a su alrededor. Con el corazón en ascuas y al final de los ojos una llama, ¿Podrías ya ocultar tu fuerza centrífuga? ¿Podrías detener la inercia que te lleva fuera de tu propia condición? Si la fidelidad no existe es porque es imposible. Si la monogamia es posible, es solo como límite por tradición.

Harto de una vida que cree decidida el corazón busca control, empieza intoxicando el pensamiento, presenta imágenes y sueños al cerebro, llena de sangre la imaginación, que empieza a latir. ¿Cómo pararlo? El frío nuclear de la materia gris no fue nunca suficiente. Informado de los riesgos, no escuchas, ha penetrado tus huesos sus melodía, todo tu organismo entona su canción: Vas a por ello, cueste lo que cueste; satisfecho o deshecho, no te queda otra opción: Hacerle caso.


Espíritu de expedición.

El individuo se lanza. Destierra su miedo, elige condenar su alma, destripa el papel pintado de las paredes de su hogar y desholla todas sus horas de inmovilidad. Tras haberse pasado enfeudado demasiado tiempo dentro del cuerpo, busca posesión. Se marca un objetivo fruto de la angustia, la caza de lo ajeno empieza su ruta, te has vuelto un conquistador, tras tus pasos solo te importa la marca de tus huellas. Voraz, se ha vuelto tu ambición.

A. Rheinn

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