Ahogados bajo el Sol.


Maquinalmente,
las manos me pasan agua por el rostro
para desesperezar la muerte que albergo
en cada palabra impronunciada.
Sabor amargo en los labios
ternura enmohecida sentada en mi regazo
acusando la poca fiabilidad
de las nostalgias rotas.

Frío,
bajo un cielo soleado.

Sólido,
congelado;
aunque me hiervas a cien grados.

Soñando...
Con "aligerar la carga",
con calmar mi alma,
con buscar la paz.

En las profundidades del Mediterráneo,
quiero sanar.

Pero tengo el corazón enfermo
por un exceso de sal;
y un silbido fugaz
rompe en dos ese magnífico silencio
que pernocta en mi boca
llevándome hacia atrás.

Nada es demasiado claro,
y casi sin pensar
retomo la aspereza
de un mundo que no se deja acariciar.

El silencio...
El invierno...
Es Enero.

Aun así,
saldré a nadar.
Nada que buscar,
salvo en el mar.

Tengo el corazón,
la mente,
los pulmones,
llenos de sal.

Las cenizas de mi vida no me dejan respirar.

Saldré a nadar.
Si me ahogo,
quiero risas.
Nada de llorar.

Mucho menos,
de rezar.

Englobo en dos palabras
la paz que estoy buscando
sin descanso
en este lugar.
Nadar, nadar,
correr entre las aguas de la indecisión,
del infortunio, de la sinrazón.
Ven...

vamos juntos
salgamos a nadar.

Gritemos juntos,
qué significa soñar,
luchar,
sangrar...

Lo que sentimos,
se llama indiferencia a la felicidad.

A. Rheinn & Pequenho Ze

Ahogados bajo el Sol.

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